Escriturando los despojos.

Son míos los rincones y los espacios vacíos, es mía esta disposición poco útil de los muebles. Son mías las cartas que escribo porque me pertenecen sus letras y no deseo ceder mi derecho a ellas. Son míos los aros de perlas grandes y míos los días que se resumen en sábanas.
Son también míos los libros y el gato, las anotaciones desordenadas que dejo caer sobre casi cualquier trocito de papel raído. Míos los escalones del España y los faroles de Caseros -ejerzo mi poder de compartirlos sólo si quiero-. Son míos los minutos y segundos cuando puedo elegir por ellos, son míos los abrigos y sombreros que me cubren en invierno. Y entre tantas declaraciones de posesión exclusiva me doblego y digo: son míos los recuerdos pero nuestros los patines de pies descalzos que montamos en una pista de jabón una tarde cualquiera en San Vicente, y es nuestro el  pino con su hamaca vencida, y es tuyo el suspiro que extiendo desde que no estás en casa.

Magdalena

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