Despidiendo este enero

 El día está gris, me despierto y Pablo duerme a mi lado, moverme me parece un crimen porque sería perturbar la anestesiante paz de lo único que descansa en mi mundo, con cada movimiento pierdo una gota de sueño.

Decido esperar un poco y apenas sin girarme agarro el teléfono, atiborrado de mensajes consultando como estoy hace que el pánico saque una mano de debajo de la cama y me asfixie. No me interesa escuchar ninguna condolencia, este es un nuevo duelo. Estoy doliendo un sueño.

Hace una semana escribía desde la felicidad que había olvidado que podía sentir, hoy no puedo ni leerme. Tengo contracciones pero el cuerpo todavía no se entera del todo, no sé si es muy lento o muy tonto, así que todavía tengo nauseas matutinas, los ojos de Pablo pasaron de rasgados a redondos de tanto mirarme con preocupación así que esbozo una sonrisa cuando me tiende el café.

El día sigue gris, pero de tan gris es blanco, intento leer una novela pero siento que no dice nada, agarro a Pessoa del estante y de forma blasfema lo abro, como quien abre una biblia (como alguna vez abrí una), escojo de forma azarosa un Intervalo del Libro del Desasosiego y lo tomo como un Salmo, me siento menos sola. Juro que dice lo siguiente y que fue una cuestión totalmente fortuita.

185.

INTERVALO

Que esta hora horrorosa decrezca ya hacia lo posible o crezca hacia lo mortal.

Que no despunte nunca la mañana, y que yo y esta alcoba, y su atmósfera interior a la que pertenezco, todo se espiritualice en noche, se absolutice en tiniebla y que de mí no quede una sombra siquiera de recuerdo que manche lo que no muere, sea esto lo que fuere.

No creo de todas formas que estuviéramos pasando por lo mismo Pessoa y yo, sin embargo sí considero que diferentes caminos pueden llevarte a un imperante intervalo de dolor que clame que la hora, esta hora en la que a cada gota pierdo un sueño, decrezca. En el transcurrir, los días y las ventanas son cuentas regresivas.


Magdalena

Comentarios

  1. Si un abrazo volara, iría a ti, si mi luz podria guiarla a un lugar, seria a tu alma, a lo más profundo de tu ser... No quiero hablar, no hace falta. Solo quiero que sientas que este no es el fin... R.L.

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