Epístola efímera a los noctámbulos.

El néctar que se escapa por tus poros es sortilegio que dirige mis sueños y deseos cuando el manto de nubes cubre como un velo de viuda la obscenidad de la luna, y yo cierro la cortina del balcón.
 Los dedos se vuelven hilos que tejen cobijas, las bocanadas son muchas pero escasas para llenar los pulmones porque el aire es denso y húmedo. A los escapados del sol, que dentro de apenas unas horas va a colgar como un pendiente de oro, decorar el cielo y azorar sus fantasías, quiero decirles que soy agua de lluvia, que no despierten.


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