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Mostrando entradas de mayo, 2020

la cascada

 Quisiera escapar buceando de las profundidades de este mar aciago de azules desesperanzas, de cavernas cianóticas y peces de tres ojos.  Quisiera dejar de escribir desde el vacío y hacerlo desde la libertad, que se corte esta soga que me toma gentilmente por la cintura y a la que me aferro con tanto ahínco , y dejar de repetirme para no volver sobre mis pasos.  Que los días sean de nubes y que la niebla me haga elegir un camino equivocado, montar el lomo de un cansado animal, sudar porque me queman la piel los rayos del sol y saltar desde la cascada que no salté cuando pude hacerlo.   Destruir las estructuras que dicen más de mí que yo misma.  Conservar mi nombre, perfumar mis mañas.  Dejar de amanecer cuando el sol descansa.  Zambullirme en la mirada que promete esta apostólica mañana. Magdalena.

Escriturando los despojos.

Son míos los rincones y los espacios vacíos, es mía esta disposición poco útil de los muebles. Son mías las cartas que escribo porque me pertenecen sus letras y no deseo ceder mi derecho a ellas. Son míos los aros de perlas grandes y míos los días que se resumen en sábanas. Son también míos los libros y el gato, las anotaciones desordenadas que dejo caer sobre casi cualquier trocito de papel raído. Míos los escalones del España y los faroles de Caseros -ejerzo mi poder de compartirlos sólo si quiero-. Son míos los minutos y segundos cuando puedo elegir por ellos, son míos los abrigos y sombreros que me cubren en invierno. Y entre tantas declaraciones de posesión exclusiva me doblego y digo: son míos los recuerdos pero nuestros los patines de pies descalzos que montamos en una pista de jabón una tarde cualquiera en San Vicente, y es nuestro el  pino con su hamaca vencida, y es tuyo el suspiro que extiendo desde que no estás en casa. Magdalena

Epístola efímera a los noctámbulos.

El néctar que se escapa por tus poros es sortilegio que dirige mis sueños y deseos cuando el manto de nubes cubre como un velo de viuda la obscenidad de la luna, y yo cierro la cortina del balcón.  Los dedos se vuelven hilos que tejen cobijas, las bocanadas son muchas pero escasas para llenar los pulmones porque el aire es denso y húmedo. A los escapados del sol, que dentro de apenas unas horas va a colgar como un pendiente de oro, decorar el cielo y azorar sus fantasías, quiero decirles que soy agua de lluvia, que no despierten.