Cuento para dormir.
La cosa con los humanos es así, estamos nosotros los microhumanos, con frecuencia usamos trencitas y vestimos bien. No podemos ocultarnos pese a nuestro tamaño, pues tarde o temprano demostramos tener un conflicto de león y rugimos porque nos es más fácil enojarnos que decir la verdad. También están ellos, los macrohumanos y podemos identificarlos por sus manos que abarcan todo cuanto pueden, nunca dejan crecer su cabello y moderan el temperamento como si alguien evaluara su conducta, de noche se escurren como serpientes enormes pero silenciosas, en realidad están vacíos y esperan ser llenados, yo creo que se alimentan de humanos pequeñitos y los engañan con pasos de baile.
En lo esencial se parecen, pues ambos cumplen un propósito, ninguno nunca dice toda la verdad, se les dan muy bien las danzas y por sobre todo comprenden, con el correr del tiempo que existen dos tipos de sentimientos: los razonables que los llevan a las distancias infinitas, a los castigos sobredimensionados, a las rutinas que sin despilfarre ornamentan para no terminar vencidos por sí mismos; y los irrazonables que voltean el infinito para obtener un ocho al que miran y absorben con los ojos negros, y que se empujan entre ellos cuando se aman como bolas de billar, que obscenos utilizan palabras fastuosas y se van a dormir esperando que, si son microhumanos los humanos grandes los consuman enlazándolos como un uruboro, y si son macrohumanos, contengan el infinito, el ocho y todo cuanto puedan abarcar con sus bocas tan ávidas del todo.
En lo esencial se parecen, pues ambos cumplen un propósito, ninguno nunca dice toda la verdad, se les dan muy bien las danzas y por sobre todo comprenden, con el correr del tiempo que existen dos tipos de sentimientos: los razonables que los llevan a las distancias infinitas, a los castigos sobredimensionados, a las rutinas que sin despilfarre ornamentan para no terminar vencidos por sí mismos; y los irrazonables que voltean el infinito para obtener un ocho al que miran y absorben con los ojos negros, y que se empujan entre ellos cuando se aman como bolas de billar, que obscenos utilizan palabras fastuosas y se van a dormir esperando que, si son microhumanos los humanos grandes los consuman enlazándolos como un uruboro, y si son macrohumanos, contengan el infinito, el ocho y todo cuanto puedan abarcar con sus bocas tan ávidas del todo.
Para aquellos que los observan, hombres y mujeres, todo parece una coreografía sincronizada a la perfección, como si cada pieza encajara coherentemente, como si un artista los pusiera en escena. Pero para ellos el conflicto bélico entre sentimientos es lo que los separa de la especie.
Magdalena Ravanelli
(Una característica insoportable de los microhumanos es que tenemos buena memoria y honramos fechas y tradiciones por temor a perder la costumbre), https://open.spotify.com/track/4Ouhoi2lAhrLJKFzUqEzwl?si=LL5fn8yMQnueL5sroVQCZw .
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