Breve resumen de una madrugada de invierno.
El cuerpo yacía hace tiempo allí, conservado por estar sumergido en el frío seco del fondo del lago. Hace un mes alguien lo sacó del agua y lo abandonó junto a mi puerta. Cuando lo vi de rodillas, suplicante, lo alcé con todas mis fuerzas y lo puse en mi cama, lo acicalé con detenida dulzura, me puse la bata, tomé el escalpelo y abrí su pecho entre sollozos. Hice a un lado las costillas, introduje mi mano temblorosa y descubrí que no había corazón.
Atónita y preocupada tomé el bisturí acurrucándome a su lado y abrí mi pecho para darle el mío. Con el último bombeo de sangre y a toda prisa dejé resbalar mi corazón en su vacío, morí en paz cuando lo escuché inspirar con una bocanada. Quedé tendida albergando sólo la esperanza de que algún día lo devolviera y sin embargo... Y sin embargo lo usó para marcharse con todo lo que yo tenía en mi caja fuerte, desvalijó mi casa, desmembró mis restos, me escribió que pronto regresaba por mí y desapareció por la puerta.
Alguien con una sutil entrega me conectó a una máquina que me trajo a este mundo en el que escribo estas palabras con total desamparo. Quizás esté condenada a nunca recuperar lo que perdí, pero respiro.
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