Proceder revolucionario de quien padece insomnio.
Me preparaba un café con leche tras escaparme sigilosamente de la habitación, era la hora de dormir y no podía dejar de pensar en la lagartija que la noche anterior había reposado en mi zapato. Mi reflejo descarado en el claroscuro de la ventana no llevaba sus gafas de uso permanente, bebí un sorbo de la leche robada a un ternero y abrí un libro que prometí hace muchos días dejar de leer.
Pasaba las hojas de misceláneas que inspirarían una conducta tan agravada como la que no he dejado de narrar, los relatos varios eran brevísimos y antes de leer su comienzo leía su final. -Ojalá pudiera elegir los lirios como elijo los cuentos- pensé en voz alta. Me gustaría saber cual de todos los lirios blancos que venden en el puestito viviría más días, entonces quizás no sería tan escandaloso en la agenda de costos mi gasto excesivo en flores que marchitan al despertar en mis floreros. Leí una o dos historias más antes de cerrar el libro y busqué este papel (para llenar de letras) con el que se cubrirán bajo el mar los ministros, sus casinos e islas. Supongo que esto hacemos los escribas cuando terminamos de leer.
Antes de dormir quité esa flor de fatalidad irreprochable del jarrón que mañana amanecerá vacío, relleno de ausencia y con un destino labrado por una serie de conductas subversivas de quien deambula en la madrugada.
Pasaba las hojas de misceláneas que inspirarían una conducta tan agravada como la que no he dejado de narrar, los relatos varios eran brevísimos y antes de leer su comienzo leía su final. -Ojalá pudiera elegir los lirios como elijo los cuentos- pensé en voz alta. Me gustaría saber cual de todos los lirios blancos que venden en el puestito viviría más días, entonces quizás no sería tan escandaloso en la agenda de costos mi gasto excesivo en flores que marchitan al despertar en mis floreros. Leí una o dos historias más antes de cerrar el libro y busqué este papel (para llenar de letras) con el que se cubrirán bajo el mar los ministros, sus casinos e islas. Supongo que esto hacemos los escribas cuando terminamos de leer.
Antes de dormir quité esa flor de fatalidad irreprochable del jarrón que mañana amanecerá vacío, relleno de ausencia y con un destino labrado por una serie de conductas subversivas de quien deambula en la madrugada.
Magdalena Ravanelli.
Genio. Mira tienes el nombre de mi bisabuela paterna.Magdalena Noletti.Gracias por tus aportes a la cultura mundial. Éxito.
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