La palabra de Anfítrite.
Dejé que la marea me arrastrara, sentí como todos mis huesos se volvían astillas contra los acantilados atenienses. Encontré la sílaba del soneto que nunca terminé bajo los pies del Himeto y me dejé morir.
La batalla fue una carnicería, tajeamos corazones y me llevé la mayor porción, (pero entendí tarde, sí, que el corazón sólo late si está completo). Salí con un botiquín, entre las ruinas a buscarte, sentí la culpa flagelante. Estabas tendido sobre escombros por la Acrópolis, me volví hilo, me volví aguja, me bautizaron diosa del huso curando tus heridas, me deshice y me hice parche.
(Cuando mi carne se volvió la tuya).
Te vi realmente, te vi por dentro tan humano que lo sentí un engaño, ¿qué fue de lo que fuiste tantas veces? Del juez con su tocado, de su perorata de verdades de mentira, del reproche despojado de comprensión, de sus cejas que endurecían la mirada de vigia, del tridente que imponía sobre todos el silencio reverencial. Me pregunte qué fue de todo aquello y me contestó el estante cubierto de libros, "de eso fue historia".
De los restos que descaradamente contradicen tu palabra inmaculada, dejé sólo cenizas. Vuelta cómplice en el agua de tus hazañas jamás realizadas, cuando duermes cuento como ganaste el cariño de Atenas (aunque no fuera cierto), querido Poseidón.
La batalla fue una carnicería, tajeamos corazones y me llevé la mayor porción, (pero entendí tarde, sí, que el corazón sólo late si está completo). Salí con un botiquín, entre las ruinas a buscarte, sentí la culpa flagelante. Estabas tendido sobre escombros por la Acrópolis, me volví hilo, me volví aguja, me bautizaron diosa del huso curando tus heridas, me deshice y me hice parche.
(Cuando mi carne se volvió la tuya).
Te vi realmente, te vi por dentro tan humano que lo sentí un engaño, ¿qué fue de lo que fuiste tantas veces? Del juez con su tocado, de su perorata de verdades de mentira, del reproche despojado de comprensión, de sus cejas que endurecían la mirada de vigia, del tridente que imponía sobre todos el silencio reverencial. Me pregunte qué fue de todo aquello y me contestó el estante cubierto de libros, "de eso fue historia".
De los restos que descaradamente contradicen tu palabra inmaculada, dejé sólo cenizas. Vuelta cómplice en el agua de tus hazañas jamás realizadas, cuando duermes cuento como ganaste el cariño de Atenas (aunque no fuera cierto), querido Poseidón.
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