billet-doux

La silueta raquítica de los pinos,
esta absurda constancia de la ruta,
la niebla espesa que flota, enceguese
y sabe a agua. La sangre que bombea
hacia mi cabeza que repleta se ladea,
en un vaivén pesado. Las letras que
fluyen del tintero, la pluma que
torcida escribe mis memorias,
dibujando tal vez una esperanza.
Esperanza de lengua expectante,
de tallo seco al entrar la primavera.

Incesante el teléfono que reclama,
aún silenciado grita incesante.
"Vivo desarmada" susurro,
vivo de sabotaje, pienso.
Pero es primavera, y es otoño.
Hay piso desparramado entre
la ropa, una caja,
allí escondo el sueño del país
de la hoja, del país del niño
con armadura de carmín y vacío.
Mientras patino esta vida transitoria,
y me mareo entre las rutas y los días,
le grito al espejo, me relamo las heridas,
desnudo las flores.
                                               
Magdalena Ravanelli.

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