Crónica de madrugada de invierno.

Buscando con los ojos cerrados y bajo la lluvia, la forma de llegar a la meseta de la rutina. Abro y cierro puertas, vago por las calles que me miran absurdas cuando al doblar por la esquina, acelero con miedo el paso.
 Así llego a esta terminal de ómnibus llena de desahuciados, que no es más que un retrato de la soledad aguda de las almas rotas refugiadas bajo un techo con calefacción. El destino me trajo a este banco de frustraciones donde deposito todos mis ahorros e invierto en sueños imposibles. Estoy observando esta oscura, triste y visceralmente hermosa imagen, pero no me emociona, no me inspira la vida nueva, no me duelen las heridas, no sangran mis ojos ante la injusticia y sólo descifro que te necesito para sentir, hasta que recuerdo que te maté una y otra vez, y me castigo matándonos de nuevo, martillándote los pies, haciéndome sangrar con despedidas en ausencia, condenada a no sentir.
  Y cuando pregunten por qué no amo, voy a pensar en las sábanas de los hoteles en las que dejamos la vida, en tu piel salada, en tus piernas largas, y contestaré mintiendo que no lo sé. Cuando trenzando mi cabello el viento me susurre jocoso tus canciones, me cortaré el pelo, cuando la musa vuelva a mi lado y me pida que una vez más les cuente a todos de ti, le daré un café envenenado con el amargo sabor del desamor para que nunca más vuelva, y las letras se borren de mí.
 Quizás entonces nazca de nuevo, sin letras, sin fuerzas, llena del vacío de las páginas en blanco, y toque al timbre del catorce "C", sólo para descubrir que te mudaste de allí.




Comentarios

Entradas populares de este blog

Despidiendo este enero

Julio.

.