CRUZ CHICA

Viajo hacia ese pueblo que bautizamos nuestro,
y me encuentro en el ingreso al paraíso.
Hace frío, y la llovizna se va condensando
mientras pasan los minutos,
mientras bajan los grados.
Estoy rodeada de montañas,
agua nieve, verde conífera.
Adentro los fantasmas celebran
una fiesta de té que encarna 
los excesos de la aristocracia que fue.
A la puerta le falta Adán,
sólo tengo de frente los hierros
corroídos de Eva y su serpiente. 
No tengo el coraje para entrar,
estoy pereciendo en la soledad
del invierno mientras los espectros festejan.
Viajando a esa tarde cuando
arribamos al viejo hotel, pienso
conocer el mundo a tu lado
siempre fue tan intrigante, 
como cuando el conserje, 
nos dio la llave, que abría las
puertas de la habitación 23.
Magdalena Ravanelli


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