Luna de jueves.


    Este es uno de esos días con luna mañanera, luna parecida a tu sonrisa, así de blanca, así de curvada, igual de especial. Hubo miles de puestas de luna parecidas, de crepúsculos, pero nunca son iguales entre ellos, pero siempre es la misma luna. Como tu sonrisa para mí, pueden existir otros satélites, algunos hasta anillos muy atractivos, pero no hay otro cuerpo celeste con la capacidad de cautivarme. Enamorar a un poeta te graba en sus letras, yo tallé tu nombre en la luna, con mis letras. Quizás no muy perfectas, probablemente poco llamativas y desordenadas, pero tu nombre está allí. Hasta cuando la noche es oscura, tu nombre sigue ahí, en ese satélite, oculto.
   Me voy de mí cuando alguien más te observa, mi nombre puede ser como el de algún astrónomo que sabe de vos, pero voy a morir, y tu nombre va a seguir ahí, a vista de todos. Perenne. Quiero ser recordada como la poeta que tatuó la luna, siempre tan pretenciosa. Quiero cumplir la condena que me corresponde, pero pido una ventanita para observarte cada noche, cariño mío. Perpetua. Quiero que llueva y te escondas entre las nubes, quiero soplarlas para nunca olvidarte. Quiero cada noche soñar despierta, y durante el día dormir la vida. Puedo soñarme viajera y tocarte, puedo soñarme encerrada y contemplarte. 

María Magdalena.

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