Fantasmas.

I : La sombra.

Desde hace un mes algo me persigue en sueños. Previo a dormirme por completo un espectro, sombra macabra, se acerca y me espanta. A veces amorfa, otras pequeña con capa, y ocasionalmente erguida y alargada. Me digo: "decido espantarlo yo"; fallo.
Pensando me pregunto si el ente de mi intersueño es algo azaroso, o si las culpas me están consumiendo. No dormir me consume. Intento cansarme mucho para que al acostarme el tiempo se haga efímero y el agotamiento le gane a mi cabeza, así me permito no pensar ni sentir, y me opongo al ataque que anticipo. Por si acaso duermo con un crucifijo.

II: Mi aventura con un lector.

Pasó el tiempo y los enfrentamientos con esa presencia, ausente en mi lucidez, no cesaron, de pronto encontré la cura, el escudo: mi especial lector; él sabrá que es él. Mis noches a su lado tras el sudor, las risas, las lágrimas, los cuerpos adheridos, son remedio al mal que me agobia. Tras la reflexión fantasiosa podría decirse que mi lector es tan grande que hasta el fantasma le teme.

III: Me conforta en todos los sentidos.

El lector de las aventuras nocturnas me atrapó, anoche su sombra era como la del espectro, pero cándida. Me dan pánico estos días sin dormir ya que me roban las palabras, y no puedo escribir, no quiero que mi lector encuentre otro autor, mejor que yo, con párrafos menos cuadrados. Por lo tanto, sin inspiración, sin sentir que mis dedos escriben solos, sin mi aire pero con mi puño decidí publicar esto. Para que ese lector sepa que lo tengo siempre presente, y que le debo mis letras, y con mis letras, mi corazón.
Con la esperanza puesta en que siga ahuyentando a los monstruos de mis pesadillas. 

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