DEFINIRSE.
"Es muy duro curarse de lo que cura." J.S.
Acomodo las sábanas, blancas porque me gusta pensar que son mi nube, las elegí blancas. Dejo caer media barra de chocolate en el café. Me desvisto, me visto, me quito el traje de agradar a todos y me pongo el de agradarle a tus manos, aunque lo estreno en soledad. Me pongo los lentes y enciendo el ordenador, me preparo para componer, enciendo la música, ajusto el volumen, manipulo el ambiente, cierro los ojos y me entrego a la musa.
La misma juega con la realidad, me ata de pies y manos lanzándome filosos recuerdos, me tortura lo necesario para despertarme lo suficiente, para aislarme, para sacarme del renglón y dejarme hacer lo mío. Mis días favoritos son más o menos así, me disfrazo de poeta en soledad y de libertina en tu presencia.
En mis absurdos preparativos necesito ver mis manos cuidadas, las encremo antes de lanzarme al mundo de mi desvariada realidad. Entonces me defino, hoy defino mis cicatrices.
Las cicatrices son las marcas que dejan lo que dolió, las cicatrices pueden correrse, expandirse, aclararse, suavizarse pero siguen ahí como todo lo que dolió. La formación de las cicatrices tiene etapas, cuando la piel se rasga y arde, cuando saltan las lágrimas, el impacto; con los días se olvida hasta el momento del cosquilleo, de la picazón, el momento en que es irresistible el impulso de volver al dolor, y ahí se define todo: si creciste y lo superas, si te arrancás con las uñas el retazo de corteza dura que creaste para no volver a lastimarte volviendo a doler. O te distraes, buscas un libro, una persona, un pasatiempo y la cicatriz se queda pequeña, o no te detenés y la cicatriz se vuelve profunda.
Algunos pasan la vida intentando ocultar las cicatrices que algún impacto les dejó.
Algunos nos volvemos adictos al bloc de notas para borrarlas.
Otros se encierran en blindados para nunca volverse a lastimar.
Entonces aparece este personaje que me posee, mi fase de autodefensa, que se quita los tacones, prepara los amargos, fanática del humo y el lino, con el pelo recogido y un viejo remerón, los rulos desarmados, los ojos adoloridos, pena infinita y representante de la decadencia, desgarbada en el sillón y responsable de las infinitas horas perdidas.
Definirse entre quien compone y quien ignora viene siendo mi desafío, quien tiene que borrar cicatrices y quien no da lugar a tenerlas, nunca tomé muchas buenas decisiones y la suerte me hizo de escudo. Finalmente elijo ser la que te dice, con mi bondad mal dirigida y mi maldad excesiva, que te necesito para conservar mi escasa paz y mi pasión de pocas estrellas.
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