Si hoy es martes.

  A ninguno le gusta la rutina, pero nos levantamos a las doce casi a diario, desayunamos a medias solos, desayunamos completo juntos. Los dos odiamos las convenciones, pero todo el tiempo me acuesto, siento y camino a tu izquierda. Ambos aborrecemos las costumbres, y por eso creamos tradiciones, cantamos las mismas canciones y apagamos las mismas luces. Nos abrazamos, besamos y amamos antes de dormir y al despertar: café con leche, tres de azúcar.
  Entonces nos compartimos, porque es una mentira, consuelo de solitarios forzados que uno es de uno mismo y que la gente no nos pertenece. Te doy mi mitad, que está compuesta de mi buena mitad y de la mala, porque cuando me corto un pedazo para regalártelo no puedo precisar si en él van todas mis virtudes o todos mis demonios, te la regalo arriesgándome, y si tiene muchos demonios ya verás, esa parte ahora es tuya, la regalé. 
  Y si hoy es martes y me tocan tus demonios, los que caminan adelante y a paso redoblado, los que esconden medias verdades, incluso los que me quieren ver tropezar desde el catorce, los amarro. Acá con doble nudo los admiro, les encuentro las cosquillas, y las salivas de risa, los abrazo, esperando que perdones como yo los demonios que te di. De esta forma no tenemos rutina, costumbres ni convenciones, tenemos tradiciones de demonios y virtudes compartidas, de mitades de ruinas, de pedazos nefastos, de café con leche y tres de azúcar.

Le bien que l'on fait parfume l'âme" (Victor Hugo)

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