Misterio.

   Un cable colgaba cual guirnalda del subdesarrollo, el sol quemaba en un falso invierno,  se oían a lo lejos mentiras atractivas, y yo despertaba de un sueño eterno, de la pesadilla efímera de cada noche en soledad.
  Algo indicaba que el cambio estaba cerca, me abrí paso en el sinuoso camino hacia el parque, y expuesta a una brisa floral,  a un silencio agudo, a una risa de primaveras infinitas, decidí quedarme. Y me crucé con tus ojos de un suave café, me crucé con tus labios llenos de trampas, con tus manos filosas, repletas de caricias, así te crucé. Dispuesta a correr, me quedé atrapada a las miles de perlas que me enseñaste cuando tu boca se abrió, y a tu lado descifré misterios que de niña no entendía.
   ¿Por qué las mujeres eran adictas a la joyería? Por las perlas en tu boca, el ónix en tus ojos, el topacio imperial de tu piel, y el rojo granate de tus labios.
  

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