INSOMNIO.

No recuerdo si llovía o no lo hacía, no recuerdo el olor del viento, sé que fue un día importante.
Era un invierno pacífico, el fulgor del primer amor aún reposaba en mi sonrisa, recordé, llovía. 
Fue una mañana agitada, y una tarde peculiar, llena de abuelas y sonrisas. 
Entonces desperté.
A veces  me invaden sentimientos y me pregunto si es la naturaleza humana, o es algo individual,
me ahondaba una necesidad de sentirme querida.
Cuando la carencia imaginaria de afecto toca a mi puerta tiendo a equivocarme,
regalo mi ternura por un poco de caricias. Esa noche no me valoraba.
Aturdida por el movimiento impaciente de las personas adultas, te vi,
más sencillo que atractivo pasaste por mi noche como un adulto más.
Esa noche te olvidé.
El tiempo para mi es preciado, porque temo, no me alcance.
No fue tu sonrisa, ni tus ojos, no fueron las palabras, fue una idea de un reflejo, el nuestro.
Me vi con los años y estabas ahí, eso te hizo distinto, desde ese momento eras una meta, 
ser feliz con vos era mi meta, me enamoré de un "nosotros", de eso que sentía a tu lado...
Deberías hacerme mejor pero sólo me hacés egoísta, no quiero más que tenerte,
sólo deseo yacer en tu regazo, tu espalda es tibia, casi como soñar.
No dejaba de llover.
En las plegarias de mis noches más oscuras te encontraba, tímido, impasible, silencioso;
en la maldición de mis mañanas eras el mejor demonio, estruendoso.
El miedo es mi enemigo, por eso aquella tarde estival te dejé ir, devastando mi confianza.
Entonces desperté.
Buscarte tras perderte se volvió mi rutina, confundida entre el amor a sufrirte, y el amor a amarte,
desafié mi orgullo y abandoné todo de mí, me arrastré por un mundo estrafalario,
un mundo de eternas matinas condenadas a indagar en tu alma y toparme con mi sueño.
Hallé mi quimera en el fondo de un café dulce, y me aferré a ella, 
ya era tarde por que el terror te consumió y henos nuevamente lejanos, 
en mi cabeza no dejaba de molestar la conciencia de caer en la trampa.
Esa noche te olvidé.
El tiempo siguió avanzando, había pasado un año y mi dignidad fue diezmada por el miedo.
Naturalmente humana es la esperanza, un día terrenal, tras muchas copas, te escribí,
¿aún estabas allí?, decidida a tenerte para siempre o a perderme sin final, 
decidido a no soltarme, a cumplir con tu promesa, a ganar las batallas como aliados,
nos buscamos, nos encontramos, nos amamos, entendí que eras mi mejor lucha.
Dejó de llover.
Los conflictos se volvieron periódicos, apaciguarlos, un hábito.
Desde esta ventana en la cima de la más alta montaña los veo desde lejos, cercanos al fin.
Los veo y veo ese reflejo, entonces nos veo, descubriendo con cada segundo la razón,
lo sublime de esa lluvia fría, del café caliente, de las miradas cómplices y de las noches mágicas.
Ya no sos el demonio de mis mañanas, sos la luz que los espanta,
hoy no quiero más que una vida con vos, aunque me cueste la vida lograrlo.
Estoy despierta.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Despidiendo este enero

Julio.

.