Cuento para dormir.
La cosa con los humanos es así, estamos nosotros los microhumanos, con frecuencia usamos trencitas y vestimos bien. No podemos ocultarnos pese a nuestro tamaño, pues tarde o temprano demostramos tener un conflicto de león y rugimos porque nos es más fácil enojarnos que decir la verdad. También están ellos, los macrohumanos y podemos identificarlos por sus manos que abarcan todo cuanto pueden, nunca dejan crecer su cabello y moderan el temperamento como si alguien evaluara su conducta, de noche se escurren como serpientes enormes pero silenciosas, en realidad están vacíos y esperan ser llenados, yo creo que se alimentan de humanos pequeñitos y los engañan con pasos de baile. En lo esencial se parecen, pues ambos cumplen un propósito, ninguno nunca dice toda la verdad, se les dan muy bien las danzas y por sobre todo comprenden, con el correr del tiempo que existen dos tipos de sentimientos: los razonables que los llevan a las distancias i...