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Mostrando entradas de agosto, 2018

Nosotros, dos.

Tu imagen a contraluz, a media sombra, casi a oscuras, un poco clara, se vuelve el centro de la habitación, se hace siempre objeto de atención. Porque te desnudo un trocito de piel y es el ojo de la tormenta, donde todo comienza y todo es calma. El gato se enrosca sobre sí mientras ronronea, la ventana condensa el frío y la humedad, dejando correr hacia abajo algunas gotitas, análogas y precisas a las gotitas que corren por tu espalda cuando te tiendes agitado sobre las sábanas enredadas.     Me estiro aspirando como un adicto el almizcle de tu perfume, y te beso la frente. Las yemas de los dedos recorren inconscientes las longitudes externas de nuestros  cuerpos, nos mecemos, bailamos vilipendiando el poder del ahogo, dos tercos que vencieron sus propios esfuerzos por vencerse a sí mismos. Dos tontos que bailan en la penumbra y ríen heridos para sanar. Dos ilusos que tarde o temprano se vuelven a lastimar, pero más luego se juntan para curar, dos que hacen de una cama, ...

DE JARDINES MUSTIOS II

LUNA LLENA. Rompo en esquirlas de plata que iluminan como el manto argento del plenilunio, de mis restos podrías decorar una vasija, podrías rearmar un amor. Lo que no puedes -no- es abrir con mi filo las heridas para regar una vez más tu orgullo desmedido, tu ego perdido, tus narcisos marchitos. Plenilunio como presagio y anticipo de la helada que golpeará los prados, del trovador aún resisten las crónicas de campos, de primaveras y aullidos antes de esta tiranía de tu risa que arrasa con los despojos del querer. Esta noche sólo brillan los lunares  de mi piel que rompe en cristal. (Ya no hay nada que alumbrar, una luz en el vacío sólo viaja). Mara.