Mientras Julio navega.
El reloj marca las dos, cuestionamientos absurdos deambulan por mi cabeza. Cómo Julio lograba ligar las palabras para crear un hilo perfecto. Cómo Julián, sin ser Julio, se atreve a reclamar un prestigio que no le es propio por decisión, que es otorgado por los mismos jueces que, a Julio, infinitamente más merecedor, le negaron. Cómo yo, sin tener sus nombres, sin tener sus tonos de voz particularísimos, sin esas "ges" que hacen a Julio, sin esa insubordinación dialéctica que hace a Julián, y sin gozar tampoco del don extraordinario, me acuesto y a la madrugada pretendo ser como ellos. Queda así evidenciada mi admiración carnal por los poetas, veo su persistencia, su interés que se mantiene de pie por mero desinterés, y me subyugan. Pero detrás de estos dedos huesudos, que recalco, son lo único tan huesudo en mí como para afirmarse así, hay una cobardía infinita, por eso cuando amanezca voy a leer aburridos tratados de economía, y a sumergirme en las aguas cal...