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Mostrando entradas de septiembre, 2017

Crónica de madrugada de invierno.

Buscando con los ojos cerrados y bajo la lluvia, la forma de llegar a la meseta de la rutina. Abro y cierro puertas, vago por las calles que me miran absurdas cuando al doblar por la esquina, acelero con miedo el paso.  Así llego a esta terminal de ómnibus llena de desahuciados, que no es más que un retrato de la soledad aguda de las almas rotas refugiadas bajo un techo con calefacción. El destino me trajo a este banco de frustraciones donde deposito todos mis ahorros e invierto en sueños imposibles. Estoy observando esta oscura, triste y visceralmente hermosa imagen, pero no me emociona, no me inspira la vida nueva, no me duelen las heridas, no sangran mis ojos ante la injusticia y sólo descifro que te necesito para sentir, hasta que recuerdo que te maté una y otra vez, y me castigo matándonos de nuevo, martillándote los pies, haciéndome sangrar con despedidas en ausencia, condenada a no sentir.   Y cuando pregunten por qué no amo, voy a pensar en las sábanas de los hoteles...