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Mostrando entradas de septiembre, 2016

Deslucida.

Pudiendo ser luz de luna a ojos de tantos tontos,  elijo ser luciérnaga de noche a tus pupilas.  Efímera y veloz,  chispa sólida,  perenne. Algunas veces, cuando sientes  ganas, me regalas una mirada.  Como quien dona zapatos viejos para sentirse bien, me miras, y absorbes toda la luz que irradio, usas mi cuerpo que se vuelve pequeño, que desaparece a tu lado. Entonces pienso, ya extinta sin resplandor,  que podría endulzar los oidos  de cuantos bobos con mis palabras. Me acerco a gritarte mi repertorio de poesías amargas, esas que antes gustabas. Pero perdí la voz y mis palabras. En un último patético intento  quiero agitar espejos de colores,  hacerte creer en la magia, abusar del recurso onírico y te abro mis sueños.  Tan pretenciosos que incomodan,  tan agudos que aturden,  tan brillantes que encandilan, entonces volteas. Y me quedo siendo luciérnaga que no brilla  ni para ti ni para otros...