Deslucida.
Pudiendo ser luz de luna a ojos de tantos tontos, elijo ser luciérnaga de noche a tus pupilas. Efímera y veloz, chispa sólida, perenne. Algunas veces, cuando sientes ganas, me regalas una mirada. Como quien dona zapatos viejos para sentirse bien, me miras, y absorbes toda la luz que irradio, usas mi cuerpo que se vuelve pequeño, que desaparece a tu lado. Entonces pienso, ya extinta sin resplandor, que podría endulzar los oidos de cuantos bobos con mis palabras. Me acerco a gritarte mi repertorio de poesías amargas, esas que antes gustabas. Pero perdí la voz y mis palabras. En un último patético intento quiero agitar espejos de colores, hacerte creer en la magia, abusar del recurso onírico y te abro mis sueños. Tan pretenciosos que incomodan, tan agudos que aturden, tan brillantes que encandilan, entonces volteas. Y me quedo siendo luciérnaga que no brilla ni para ti ni para otros...