Presa del desvarío.
Todos los espíritus decidieron poseerme esa noche, y por un momento fui presa del desvarío. Al punto de mentir sin sentido, al punto de lanzarme al olvido, o de desear que el frío en el balcón de ese décimo piso fuera a apagar el dolor de la caída, como si morir fuera mi olvido. Cuando desperté me sentí en una canción, en un cuento, en una historia de esas que no entiendo, ¿Quién habita nuestro cuerpo cuando no somos conscientes? ¿Quién hizo en mi cuerpo que mi boca dijera lo que yo no pienso? Aunque encuentre al culpable de tal maldito crimen, yo lo dejé entrar en el tercer vaso, cuando la ira tomaba el control de todo. ¿Y las mentiras? De mis labios salieron serpientes, de mis brazos se impulsaron leones y en mí quedo el triste recuerdo de un ser solitario, que queriendo ser de alguien, fue de nadie. Entonces recuerdo cuando me querías, cuando mis labios sabían a miel en tu regazo, cuando sabía que tu perdición estaba entre mis muslos, y los mezquinaba para que...