Todo cae por su propio beso.
Intento escribir todo lo que pensaba mientras dormías y yo aspiraba de tu piel el polvo de los sueños, escribía en mi mente de primaveras que vienen sin rosas ni lirios, tipeaba con los dedos en tu espalda sobre el placer y los roces, invocaba musas que clamaban por promesas que sepultamos mil pies debajo nuestro, y otras que cremamos y lanzamos jugando al viento. Anoche caímos por el propio beso, ese que es mil besos pero es uno, ese que convierte como hada una noche de sábado y perece el domingo cuando la alarma suena. Anticipa que con el alba seremos dos pero de a uno, sin nosotros pero nuestros.